Para un auténtico voluntariado social, son precisos una formación y un aprendizaje en la sensibilidad, en el respeto y en la aceptación del otro tal como es, sin pretender cambiarlo. Nosotros no vamos a enseñar nada ni a cambiar a nadie, sino a ayudar a que lo haga quien lo desee, desde su propia realidad en la maduración de sus señas de identidad.
Los que vivimos a pie de obra sabemos que para la formación adecuada de un voluntario, para poder enviar recursos, realizar estudios, mantener correspondencia, controlar los proyectos, se necesita dinero. Y no importa la edad ni la salud que tenga el que se “conmueve” ante tanto dolor e injusticia para que no pueda aportar regularmente una contribución, más cuando esto le convierte en socio de pleno derecho dentro de la organización.
En algunos países, hay centenares de miles de personas que se están formando como voluntarios sociales y las organizaciones que los preparan necesitan medios económicos para hacerlo. Lamentarse, criticar y no cooperar no es coherente.
Dentro de la actitud fundamental del voluntario, aceptamos el término “curar” desde su significado más auténtico: “cuidar”, que conlleva “consolar”, “acompañar”, “simpatizar”, “empatizar”, “compadecer”, “compartir”, “vivir-con”. De ahí “compañero-copain”: el que comparte el pan.
Se trata de conocer al otro no sólo como “alteridad”, sino como “reciprocidad” que supera la tolerancia que parte de una postura de posesión de la Verdad, algo que nadie puede tener en propiedad.
Esta actitud es un activo irrenunciable ante tanto reduccionismo, fanatismo, fundamentalismo, falso espiritualismo, antropocentrismo, con un alienante “perfeccionismo” que tiene mucho de cátaro, de calvinista y de pelagiano. Nadie es más que nadie. Por lo tanto, se trata de ser consecuentes y adaptarnos a la realidad. Sólo un necio, el que no sabe, calificaría esta actitud como sincretismo, relativismo, materialismo o panteísmo.
Sólo una actitud contemplativa, brotada del silencio, puede fundamentar y dar sentido a un vivir coherente. Si el ser humano ha nacido para ser feliz, la felicidad no puede ser separada de sus raíces: ser uno mismo en plenitud y en libertad, aunque las circunstancias nos encadenen, nos enreden, nos zahieran o nos hieran. La libertad es consustancial a la persona, aunque como individuo pueda padecer las mayores limitaciones efecto de las culturas, de las tradiciones, de las circunstancias, y siempre de los abusos de poder. De ahí que la paz sea fruto de la justicia y la felicidad tenga aroma de serenidad, de sosiego y de radical alegría en un ser que asume su condición y dice: “Está bien así. Yo sé quién soy”.
De: Centro de Colaboraciones Solidarias
Fuente: Artículos Gratuitos Online de Articuloz.com - http://www.articuloz.com/noticias-y-sociedad-articulos/actitud-fundamental-del-voluntario-290487.html
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