La Rendición

Muchas veces en nuestro tránsito por esta vida, nos enfrenamos a pruebas que nos incitan algunas veces a dar paso a la rendición, a no seguir desperdiciando nuestra energías, en proporcionarnos s una tregua para evaluar el alcance, las repercusiones que la rendición genera en nuestro crecimiento...

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Muchas vedes en nuestro tránsito por esta vida, nos enfrenamos a pruebas que nos incitan algunas veces a dar paso a la rendición, a no seguir desperdiciando nuestra energías, en proporcionarnos s una tregua para evaluar el alcance, las repercusiones que la rendición genera en nuestro crecimiento...

Cuando te rindes a lo que es y estás plenamente presente, el pasado ya no tiene ningún poder. Entonces se abre el reino del Ser, que había quedado oscurecido por la mente. De repente, surge una gran quietud dentro de ti, la sensación de una paz insondable. Y en esa paz hay una gran alegría. Y dentro de esa alegría hay amor. Y en su núcleo más interno está lo sagrado, lo inconmensurable, Eso que no puede ser nombrado.

La Rendición para algunas personas puede tener una connotación negativa que implica derrota, renuncia, incapacidad de responder a las pruebas de la vida, letargo, etc. La verdadera rendición, no obstante, es algo totalmente diferente. No significa soportar pasivamente cualquier situación en la que te encuentres sin hacer nada al respecto. Tampoco significa dejar de hacer planes o de iniciar acciones positivas.

La rendición es una sabiduría simple pero profunda que implica ceder más que oponerse al flujo de la vida. El único lugar donde puedes experimentar el flujo de la vida es el ahora; por tanto, rendirse es aceptar el momento presente incondicionalmente y sin reservas. Es renunciar a la resistencia interna a lo que es.

Resistirse internamente es decir no a lo que es mediante el juicio mental y la negatividad emocional. La resistencia suele agudizarse cuando las cosas van mal, lo que significa que hay una distancia entre las demandas o rígidas expectativas de tu mente y lo que es. En esa brecha anida el dolor.

Uno debe identificar cuando la rendición demanda su presencia y evaluar el por qué de ello, que realmente encierra, sus causas, efectos, repercusiones. Agotar todas las vías posibles, si afectaciones para nadie para enfrentar la decisión de la rendición
Nos aporta también al respecto, que si has vivido lo suficiente, sabrás que las cosas van mal con bastante frecuencia. Es precisamente en esos momentos cuando tienes que rendirte si quieres eliminar el dolor y el sufrimiento de tu vida. La aceptación de lo que es te libera inmediatamente de tu identificación mental y vuelve a conectarte con el Ser. La resistencia es la mente.

La rendición es un fenómeno puramente interno, que no implica que en lo externo no puedas emprender acciones para cambiar la situación.

De hecho, para rendirte no tienes que aceptar la situación general, sino sólo el pequeño segmento llamado el ahora. Por ejemplo, si mientras vas conduciendo por el campo te quedas atascado en medio del barro, no dirás: «Vale, me resigno a quedarme atascado.» Resignación no es rendición.

No tienes por qué aceptar una situación de vida desagradable o indeseable. Tampoco tienes que engañarte y decirte que no tiene nada de malo. No. Reconoces plenamente que quieres salir de ella, y entonces limitas tu atención al momento presente sin ponerle ninguna etiqueta mental.

Eso significa que no hay juicio sobre el ahora. Por tanto, no hay resistencia ni negatividad emocional. Aceptas el momento tal como es.

Después te pones en acción y haces todo lo posible por salir de la situación.
Eso es lo que denomino acción positiva. Es mucho más eficaz que la acción negativa, surgida de la ira, de la desesperación o de la frustración. Hasta alcanzar el resultado deseado, continúas practicando la rendición negándote a etiquetar el ahora.

Lo que encierra la rendición y comenta, vas caminando de noche por un sendero y estás rodeado por una densa niebla. Pero tienes una linterna muy potente que la atraviesa y crea un espacio estrecho y claro frente a ti. La niebla es tu situación de vida, que incluye el pasado y el futuro; la linterna es tu presencia consciente; el espacio claro es el ahora.

La no-rendición endurece tu forma psicológica, el caparazón del ego, creando así una fuerte sensación de separación. El mundo que te rodea, y en particular la gente, pueden parecerte amenazantes. Surge una necesidad compulsiva inconsciente de destruir a los demás mediante juicios, y también la de competir y dominar. Hasta la naturaleza se convierte en tu enemigo, porque tus percepciones e interpretaciones están gobernadas por el miedo. La enfermedad mental que llamamos paranoia sólo es una forma un poco más aguda de este estado de conciencia, normal pero disfuncional.

No sólo tú forma psicológica, sino también tú forma física, tu cuerpo, se endurece y se pone rígido a causa de la resistencia. Surge tensión en distintas partes del cuerpo y éste en su totalidad se contrae. El libre flujo de energías corporales, que es esencial para la salud, queda muy restringido.

El trabajo corporal y ciertos tipos de terapia física pueden ayudar a recuperar el flujo, pero, a menos que practiquemos la rendición en la vida cotidiana, esas terapias se limitan a aliviar los síntomas de forma pasajera, porque la causa de la tensión el patrón de resistencia no se ha disuelto.

Hay algo dentro de uno que no es afectado por las circunstancias pasajeras que conforman nuestra situación de vida, y sólo la rendición permite acceder a ello. Es nuestra vida, nuestro Ser mismo, que existe eternamente en el reino intemporal del presente.
Nos corresponde a cada uno sabe manejar adecuadamente la rendición, somos responsables de nuestros actos y aprendizaje, al tomar la decisión de hacerlo es porque hemos evaluado claramente su alcance, las repercusiones que nos generan en nuestro crecimiento. Por tanto se le debe sacar provecho a lo que ésta nos proporciona en pro de nuestro crecimiento e invitarnos a estar más atento en nuestras acciones, comportamiento, que nos permita manejar adecuadamente la rendición cuando sea necesaria sin afectarnos ni afectar a nadie.

Rendirte no significa permitir que te utilice la gente inconsciente. En absoluto. Es perfectamente posible decir «no» a una persona con firmeza y claridad o salir de una situación estando, al mismo tiempo, en un estado interno de completa no-resistencia

Cuando te veas envuelto en una discusión o en alguna situación conflictiva, tal vez con tu pareja u otra persona cercana a ti, empieza por observar cómo te pones a la defensiva cuando atacan tu posición, o siente la fuerza de tu propia agresión cuando atacas la posición de la otra persona. Observa el apego a tus puntos de vista y opiniones. Siente la energía emocional-mental que está detrás de tu necesidad de tener razón y de señalar que la otra persona está equivocada. Ésa es la energía de tu mente egotista. La haces consciente reconociéndola, sintiéndola tan plenamente como puedas.

Entonces, un día, en medio de una discusión, de repente te darás cuenta de que tienes una opción, y quizá decidas abandonar tu reacción simplemente para ver qué pasa. Te rindes

Si te sientes a veces muy ligero, diáfano y en profunda paz, eso es una señal inequívoca de que te has rendido realmente.

Cuando te rindes, ya no necesitas las máscaras del ego ni sus defensas. Te vuelves muy simple, muy real. Eso es peligroso, dice el ego. Te sentirás herido. Serás muy vulnerable.

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